Al final uno sabe hasta dónde se es capaz de llegar
O lo que se es capaz de entregar,
Pero si no lo intentaste nunca
Quizás cuantas historias de amor dejaste sin empezar?
Hoy nadie se tira al vacío sin saber que en el precipicio hay algún colchón para amortiguar la caída… Cuándo nos volvimos tan inseguros? Quizás fue cuando decidimos que la mejor edad para abandonar la casa de los padres era al rededor de los 30… ¿Nos habremos hecho adictos a nuestra tranquilidad cotidiana que dejamos de luchar por lo que nos interesa solo para no tener que saltar y resistir el golpe? Hoy nadie se atreve si no lo hace el otro primero… hoy definitivamente nadie quiere saltar primero.
Ya hemos estado en este punto… de pronto lo supe… sin darme cuenta, de un momento a otro, traspasé aquel portal invisible que me trajo nuevamente al punto de partida… a ese punto en que no importa en qué dirección das los pasos… siempre terminas cayendo en la cueva del conejo.
En la escuela de periodismo aprendí que la comunicación es una de las primeras cosas que aprendemos en la vida, nacemos con esa capacidad de comunicarnos… Pero es curioso que conforme vamos creciendo, asimilando palabras y aprendiendo hablar, menos sabemos que decir o como pedir lo que queremos de verdad…
“Yo he tenido… y probablemente siga teniendo… relaciones con mujeres”, le confiesa Roberta a su madre Ana (Mariana Prat), una señora aparentemente conservadora a la que invita a viajar en velero, un día de “buen viento”. La aventura es extrema: Roberta (Andrea Moro), madre de un hijo de seis años, también invita a su novia al paseo, Javiera (Francisca Bernardi), una intelectual del porno con la que está pasando una crisis de pareja. En alta mar, las tres mujeres intentan establecer puntos de encuentro entre generaciones que parecen irreconciliables.
Esa intimidad es la que narra “Mapa para conversar”, la película de Constanza Fernández que se estrena en cines de Santiago y regiones, el 14 de junio, tras ser premiada en la categoría de Mejor Dirección en Sanfic 2011.
Protagonizada por Andrea Moro, Mariana Prat y Francisca Bernardi, es una cinta basada en hechos biográficos y que va en busca de respuestas existenciales. Por eso, cineastas consagradas como Alicia Scherson la han aplaudido, considerándola “una comedia burguesa, retorcida y exigente, originalísima y divertida”.